“No te vayas a olvidar de esto, que nunca me había pasado eh”, dispara Paz Ferreira con una sonrisa que no deja borrar el asombro. Es que en estos días, por lo visto, no se puede ir a un bar a escuchar reggae sin correr el riesgo de que cualquier tipo se apropie del escenario para hablar de la Ley de Medios y reprender a los músicos por criticar al gobierno. Así fue, y Paz, la creadora del proyecto Miss Bolivia no lo puede creer. Aun varios minutos después de que terminó su recital en Lo de Garone, una antigua parrilla de Vicente López devenida en un bar de reggae, se ríe nerviosa. “Esto no se me va a olvidar”.
Miss Bolivia sonríe sobre el escenario. Paz Ferreyra sonríe debajo de él. Sonríe siempre. Para agradecer, para despedirse, para cantar. Por eso no deja de resultar extraño enterarse de ciertos pasajes de su vida, como cuando la despidieron de aquel restaurante uruguayo en el que trabajaba durante su estadía en Coyoacán, Distrito Federal, por ser malencarada. “Ocho meses viví en México”, cuenta. Y sonríe.
El proyecto de Miss Bolivia es uno de los que le están poniendo voz de mujer al movimiento reggae y dance hall de Buenos Aires. Pero la suya, además de femenina es casi infantil. Un timbre que no desentona con su físico: es diminuta. Toda ella es pequeña, excepto por sus rastas que le llegan hasta la cintura y que durante una de las entrevistas, son el objeto del deseo de un borracho que no deja de acariciarlas mientras ella habla. Ella claro, se incomoda y se sacude al borracho.
-¿Es difícil ser mujer en este ambiente under?- “Es lo mismo que ser un hombre, aunque hay pocas mujeres, cada vez hay más que lo están haciendo, como que la gente quiere que las chicas estén en el micrófono”, responde con seguridad, “hay chicas que hacen cosas distintas y buenas, y eso está bueno, creo que lo que se viene ahora son las cosas femeninas, la tendencia para mí va a ser el dance hall pero con voces femeninas o de niños”.
El recital en Lo de Garone no se le va olvidar a Paz Ferreira por la aparición del espontáneo orador político, pero además porque justo ese día, más temprano, comenzó a grabar su segundo disco, en el que promete una muestra más de lo que ella llama su promiscuidad musical. “Si me gusta transito el camino, o lo exploro aunque sea”, explica. El camino que ha elegido para explorar es la inclusión de instrumentos reales a su música, más allá de las pistas propias del dance hall.
De la mano de su nuevo productor, Juanito el cantor, un músico que se ha involucrado en la fusión del folclore argentino con sonidos digitales, Miss Bolivia ofrecerá un material en el que instrumentos originarios como el bombo legüero y la caja se combinarán con texturas electrónicas para dar paso al dance hall y al reggaetón por el que circula la cantante. “Me doy cuenta de que cada vez que toco con banda es otra cosa, el sound system me encanta como cultura pero también siento un power y una potencia increíble cuando hay tracción a sangre en el escenario porque si no acaba siendo un evento muy solitario”, cuenta como argumentando la presencia de músicos de verdad en su nuevo disco.
Nació en el barrio de Almagro pero la vida la ha llevado a sitios tan lejanos como México; actualmente vive en La Boca, “en pleno gueto”. Alguna vez, de hecho, vivió en la calle Bolivia. ¿De ahí el nombre del proyecto? No necesariamente. Lo de Miss Bolivia es otra prueba de su “promiscuidad”: “Me pareció una mezcla bastante representativa de mis influencias, por un lado la influencia del mainstream, y todo lo que es la corriente del hip-hop y del reguetón, y por otro lado Bolivia, que es toda la influencia pachamámica, todo lo que es roots, el origen, que me representa a mí, es una mezcla de lo trash y el mainstream, ese pastiche me representa”.
Esa búsqueda de la música en la geografía que propone Miss Bolivia, es evidente en sus presentaciones, en las que el paso del reggae a la cumbia y luego al reggaetón se da de una forma tan natural que uno apenas lo percibe. Decir que ciertos artistas pequeños de estatura, lucen grandes sobre el escenario es un lugar común. Parece que a Paz eso no le interesa. No hay alardes de grandeza ni mucho menos. Su voz, pequeña como de niña no la dejaría desentenderse de su imagen. Es una pequeña mujer diciendo cosas grandes. Improvisando a veces.
De lo que tampoco se desentiende Miss Bolivia es del rastafarismo y de lo que significa coquetear con el reggae. Quizás por eso en sus letras aparece de vez en cuando la eterna crítica a Babilonia, pero advierte que hay ciertas cosas en torno a ese movimiento que detesta: “me parece que tiene una corriente super homofóbica, una cuestión remachista por otros lados, eso es algo que a mí no me interesa”. Lo dice en serio.
No sólo no le interesa sino que le molesta de verdad. Tanto, que en su programa radial que transmite todos los jueves por Radio Atómika, dedica un segmento especial para mostrar esa parte negativa del reggae. “Armo bloques de música donde se vea eso y los mato, porque es algo que no está bueno que vaya de la mano de una religión o de una filosofía”, se explica, “qué sé yo, igual podría elegirla entre una de las más inteligentes y sensibles formas de vivir, pero nunca de forma radical ni fundamentalista, si no es plural no me interesa”. Lo dice con el cabello cubierto por una gorra jamaiquina y el cuello envuelto en una de esas kefias palestinas.
“Tengo diferentes caminos que tomo, en general todos apuntan a generar conciencia y a una vuelta atrás pero es como un deshacer, una desintoxicación cultural y volver a la raíz, back to the roots, pero para de ahí falsear a algo nuevo con otra cabeza, deshacer el camino, proponer la mala educación, la educación de los sentidos, de la intuición”, cuenta Paz para explicar la temática de sus letras, “y después tengo historias de la vida cotidiana, un consejo a una amiga, un consejo de desamor y tristeza, una canción de la pista, una canción cachonda, ahora estoy haciendo un reggaetón lésbico”.
En los días que corren, el tiempo escasea para Paz. Además de la grabación de su disco, no hay a partir de ahora y hasta diciembre, un fin de semana en el que Miss Bolivia deje de presentarse en algún sitio de Buenos Aires o en otra provincia argentina. Quizás tenga razón: “lo que se viene ahora son las cosas femeninas”.

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